Poseidx

“Bien dura, bien dura, bien dura; que se te suba la temperatura”, cantaba Tomasa Del Real junto a La Mafia del Amor en un foro de la CDMX. Mientras yo, un intolerante al perreo, no podía dejar de sonreír. Qué era lo me pasaba, mi cuerpo sentía una especie de posesión musical y no entendía porqué. Según yo, había escuchado el suficiente reggaeton como para saber que era malo y no podía pasar por mis estrictos filtros de calidad sonora, seguro tenía el diablo dentro; ahora yo estaba poseidx.

Todo empezó 48 horas antes, jueves en la noche. Estaba en casa viendo Netfilx o algo así, cuando me llegó un fatídico mensaje de mi ex jefa: “Necesito un paro”, decía, ”se me olvidó que tenemos una entrevista programada mañana en la mañana, ¿te la puedes aventar?” Mi mamá me enseñó que nunca hay que decirle que no a una chamba así, antes de saber de quién se trataba, acepté sin dudarlo. “La banda se llama Pxxr Gvng, son españoles, están raros pero van a tocar en el sábado en el Foro”, concluyó.

¿Qué demonios es Pxxr Gvng? Para empezar: ¿cómo demonios se pronuncia esto? Me pregunté mientras copiaba y pegaba el nombre de la banda en Spotify. Salió un disco, Los Pobres, al menos es algo. El primer track era un intro, así que por las prisas lo salté, error. La primera canción llevaba el nombre del disco y se trataba de un trap que iniciaba con la frase: “Fuck Lil’ Wayne, fuck Drake, started from the bottom: pur gang”, ok, me dije, al menos ya sé que es Pxxr Gvng: Poor Gang, pandilla de pobres. Un par de tracks más y me fui a dormir, mañana veo qué hago con esto.

De camino a la entrevista escuché el resto del disco. Las voces llenas de autotune me impedían descifrar las letras, pero por lo que podía escucha se trataba de temática callejera. Una frase me llamó la atención: “la ponemos a perrear en los conciertos”. Raro, perrear es una palabra identificada con el reggaeton, específicamente es como se le llama a su baile. ¿Qué hacía esta palabra en un tema de trap? Hay que tener en cuenta que era el 2k15 y el trap seguía siendo un género en pañales en los países de habla hispana, por lo que mi referencia de este estilo seguía siendo Atlanta, una ciudad muy lejana a San Juan, Puerto Rico. Una vez más las prisas me hicieron obviar una pista tan obvia, ¿destino? Ya lo creo.

Todavía tuve una última señal de que algo andaba mal. También de camino a la entrevista aproveché y le escribí a la única persona que me podía ayudar a comprender lo que mis oídos estaban escuchando: mi amiga, mi carnala, aquella que vive y respira reggaeton. La palabra perreo me orilló a ponerme en contacto con ella, así que no dudé en hacerlo. “Pregúntales sobre La Mafia del Amor y si fue difícil esa transición”, me dijo. Desgraciadamente para el momento en que recibí el mensaje ya me encontraba afuera del lugar, así que de nuevo, pista desaprovechada. La entrevista debió ser mi última pista para evitar mi cruel destino, pero de nuevo, me la perdí.

Al entrar al lugar me sorprendí de la cantidad de medios, ¿quiénes son estos chicos? Me volví a preguntar, quizás contrataron buena agencia de prensa, sí, eso debe ser.

Mi turno llegó. Me sorprendió ver a tres chicos que de no ser por sus rasgos españoles (con excepción de uno, claramente árabe) podían pasar por chakas, chicos de barrio. A mi lado se sentó Yung Beef, sus dientes centrales dan signos de una vida llena de drogas. En medio se encontraba Kaydy Cain, da la impresión de ser el más joven; también es el más risueño y el que más llama la atención por tener tatuado un “beso” en el cachete derecho. Por último, estaba Khaled, el de pinta árabe, vestido con prendas más tradicionales de un rapero moderno, también es el menos tatuado de todos, interesante.

Cada uno trae un porro, impresionante. Mi última pista vendría en el momento en que Kaydy Cain me confesó que llegaría el momento en que sólo tocarían reggaeton. No supe cómo reaccionar a esta declaración, así que la ignoré. Al salir mi curiosidad era enorme, tenía que verlos ¡No lo hagas, es una trampa! Quisiera que alguien me hubiera dicho, pero no.

Pasaron 24 horas, me distraje, escuché punk, algo de hip-hop y quizás un poco de metal, en fin, música “decente”. No sabía que el demonio ya tenía todo preparado para apoderarse de mi cuerpo, qué ingenuo.

La posesión

Ese sábado parecía como cualquier otro. Sabía que Pxxr Gvng se presentaría en aquel Foro como parte del festival Raymondstock, mismo que unía a bandas de rock locales con DJs alternativos. Sabía que varios de mis amigos asistirían, así que me dispuse a empezar el ritual de siempre. Buscar un lugar para el precopeo, emborracharse, entrar a ver a los estelares, simple.

El precopeo se dio en el carro de una amiga, aquella que vive y respira reggaeton, sin saber que ella estaba coludida con el diablo, debí notarlo, su entusiasmo era mayor que en otras ocasiones. Al subir a su auto me empezó a dar la plática previa, esa típica que te recitan antes de inscribirte a una secta. Habló de feminismo y reggaeton, tatuajes y reggaeton, liberación sexual y reggaeton. Parecía Charles Manson pero con reggaeton. No sabía porqué me decía estas cosas, qué tenía que ver eso con lo que íbamos a ver. Pronto lo sabría y sería demasiado tarde.

Entramos justo para ver a Lao, DJ local. No le presté mucho atención, estaba muy ocupado analizando al público, muy raro para tratarse de una tocada de “rock”. Mujeres voluptuosas, tatuadas, sexys. Mi amiga me señala a una de ellas: esa de ahí es Tomasa del Real, es hermosa. Estaba oscuro así que la ignoré, salí por una cerveza y un cigarro, no volví a ver a mi amiga en toda la noche. Las bandas siguieron una tras otra, para la hora en que salió Pxxr Gvng el alcohol me había puesto en el perfecto estado para el demonio, susceptible, desinhibido.

Al principio todo era normal, un grupo de trap, brincando por todo el escenario mientras tira pistas con bajos poderosos y bombos que matarían a cualquier cardiaco, como dije: todo normal.

De pronto, una de las pistas cambió, o mejor dicho se mezcló con lo que parecía ser un merengue, raro, aunque no tan raro como lo que vendría después. Un beat conocido empezó a sonar en los altavoces: “pum patupa, pum patupa”, ¿momento, acaso es reggaeton? ¡Ahora entiendo, me han engañado! ¡Todo fue un complot! Empiezo a unir los puntos: la palabra perreo en un beat de trap, la vestimenta de estos muchachos, la plática evangelizadora de mi amiga, esa que vive y respira reggaeton. ¿Cómo pude ser tan tonto? ¿Espera, qué estoy haciendo? ¿Acaso estoy bailando?, ¿Quién es esa que subió al escenario? ¡Tomasa Del Real! Ni es tan bella, creo, pero por qué no puedo dejar de verla y cómo demonios me sé esta canción, la estoy cantando por instinto: “Bien dura, bien dura, bien dura, que se te suba la temperatura”: ¿acaso no es obvio?, me dije, he sido manipulado, vendiste tu alma al diablo o mejor dicho, vino por ella y te la robó al primer descuido.

El show acabó, me parece que les aventaron un vaso, quizás fue alguien que pudo resistir la posesión y al darse cuenta de la trampa decidió terminar con ella con violencia, seguro su historia no es tan trágica como la mía.

Al día siguiente, al despertar con dolor de cabeza y sin tener idea de cómo había llegado a mi casa, un pensamiento venía a mi cabeza: sólo fue el alcohol, seguro nada pasó. Tranquilo me dispuse a escribir, siempre lo hago con un poco de música. Mi inmediata elección fue La Polla Records, nada como un buen punk para arreglar mi alma rota. Sin embargo, al ponerle play, suena de nuevo ese maldito ritmo: “pum patupa, pum patupa, pum patupa, pum patupa, pum patupa, pum patupa”. Volteo al reproductor: Tomasa del Real feat. La Mafia del Amor de nuevo. De pronto estoy entregado de nuevo, no hay nada que hacer, intento cambiar el género y mi mano se mueve hacia La Mafia del Amor, de ahí a J Balvin y de ahí a Daddy Yankee. No puedo más que admitir lo obvio: estoy maldito, el reggaeton me ha poseído.

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